
El libro como objeto ¿realmente es importante?
En relación al artículo de Andrea Palet en el No. 132 de la Revista “El Malpensante”, titulado “El libro, esa cosa”, este post pretende hablar de los sentimientos que a veces se apoderan de los orgullos de muchos amantes de los libros (como objetos, como contenidos, como construcciones de historias, como impresos).

Debo confesar que mi sentir durante la lectura del artículo fue de par, pensé cómo era posible que cortaran los libros para ponerlos en una exposición de zapatos como un añadido visual que representara algo antiguo, algo retro. Después pensé que en la actualidad se habla mucho de lo retro y de la recuperación de modas pasadas, y que esa visión se alcanza con éxito con libros en papel ya que sí tienen ese poder de contextualizar un entorno en “vintage” y clásico, tienen ese poder de recrear épocas.
Pero, después mi pensamiento empezó a transformarse. Que acaso ¿lo importante no es lo que queda en la cabeza y corazones de las personas sobre el contenido de esos libros? ¿Pero entonces qué es un libro? (esa pregunta que realmente, además de cliché, es aburridísima).
Por esta experiencia, decido escribir en este post sobre lo que pienso acerca de situaciones como estas, y sobre lo que considero, desde mi posición personal y profesional, cómo nosotros como científicos de la información debemos actuar: ¿indignarse o dejarle pasar?
Para nosotros es claro que los libros no pasarán de moda. Ni siquiera los de papel han sido olvidados y los libros en otros formatos están más que vigentes y tienen un futuro prometedor. Pienso lo siguiente: si los libros que usaron para exponer los zapatos marcaron a una persona por el mensaje que contenían en un pasado, ya lo que pase con su formato no es importante (no sin olvidar aspectos ecológicos, que no son el tema central de este post).
Además, he llegado hasta pensar que el gusto por el libro en papel es genético, porque creo que el momento en que todos lean en una pantalla, sea cual sea, tendremos que esperar a que pasen unas cuantas generaciones -hasta que el último gen de gusto por el papel desaparezca-, y eso va para largo.
El gusto por lo pasado y por lo físico material, es una cuestión que no se perderá por lo increíble que se convierte en las manos de aquella persona que sabe valorar su contenido; ya sea un libro, un CD, un Long Play, e inclusive un disquete, el hecho que tenga el estar registrado en un material físico genera un sentido y alma de gran importancia para su dueño. Si no lo creen, sólo vean este video del mencionado Steve Jobs joven, cuando saca de su chaqueta (min. 1:11) un revolucionario dispositivo que contenía la presentación del sistema operativo de su amada Macintosh:
Pienso que el objeto que pasa a ser un libro después de que ha pasado por las manos y mentes que haya tenido que pasar, ya no es cuestión que nos albergue. De hecho hice una breve googleada y encontré que el libro como objeto ha sido usado a nivel artístico, añadiéndole un aspecto realmente romántico que muchos encontramos en el papel y no en el e-reader.
Por esto creo que cuando el contenido queda aunque sea en una mente que lo divulgue propiamente, el libro como totalidad pasa a otro estadio como objeto. Y es éste estadio que le corresponde a otras áreas, como las artes, tomar las riendas para aprovechar todo lo que provee este objeto en toda su vida útil, que podemos ver, no sólo es cuando alguien lo lee.
Así que no nos preocupemos, el libro como objeto queda en buenas manos.
Con este post me despido de ustedes este año 2012, les deseo lo mejor en estas festividades y un próspero año 2013 para sus familias, y esta familia de Infotecarios.












