Mark Zuckerberg visitó México a principios del pasado mes de septiembre y realizó un anuncio de colaboración con el Gobierno Federal para mitigar la brecha digital en nuestro país. Dos puntos destacan de la presentación: el hecho de afirmar que México es un país adelantado porque el 50% de su población tiene acceso a internet (mientras que a nivel mundial sólo se trata de una tercera parte), y que el plan contempla ayudar a que pequeñas empresas comercialicen sus productos para generar empleos a favor de la economía mexicana. Un evento como éste resulta aparatoso y muy publicitado, además de proyectar una idea de desarrollo. Pero, ¿qué tan cierto puede ser? Una reflexión de esta magnitud resulta extensa. Pero en un país tan contrastante y diverso como México, pensar en el brecha digital de género nos proporciona una idea más reveladora sobre lo que en general, la brecha digital constituye, un fenómeno en gran medida social.
La brecha digital no puede remitirse únicamente a la diferencia entre quienes tienen acceso a servicios de red y quienes no. Si bien es una condición necesaria, es recomendable ampliar la visión de medición a indicadores relevantes para la comprensión del fenómeno. Como por ejemplo, las pautas del Sistema de Indicadores de Género y TIC (SIGTIC) de España para la estimación de la brecha de género en diversas dimensiones (Castaño, Martín y Martínez, 2011; 129, 130). Considerando los sectores de impacto, los fines para los que se emplean las tecnologías, los segmentos de población beneficiarios y otros factores, puede estructurarse una evaluación integral y panorámica de lo que comprenden las TIC’s. Uno de los sectores en los que inciden a profundidad las tecnologías y los servicios de red, es el ámbito educativo. La penetración de las TIC’s en la educación es indiscutible, y su repercusión más que abordada. Pero incluso hablando de las tecnologías en la educación, no sólo la cobertura resulta un factor a medir.
“Existe una brecha digital entre aquellos profesores que diseñan sus asignaturas pensando en el aprovechamiento de la Red y generando un continuo formativo que va más allá del aula virtual y aquellos que consideran que Internet es el espacio donde se ubican los documentos de la asignatura o de sustitución de las horas de tutoría de alumnos en el despacho. Existen también brechas digitales entre instituciones universitarias puesto que algunas consideran que la internacionalización es sólo la atracción física de estudiantes y profesores extranjeros olvidando el potencial globalizador –más que internacionalizador– de Internet y de las redes sociales que va más allá de la atracción física del talento, ya que dispone del potencial de la generación de nodos de conocimiento que no se ubican en las coordenadas de espacio o de tiempo”.
J.M. Duart, 2010
Tratar desde un panorama de género la brecha digital debe ir más allá de la medición del acceso de las mujeres a las TIC’s. Podemos ir incluso a la observación de la participación de las mujeres en el sector de las TIC’s, para pensar más bien en un sentido de equidad y no únicamente de igualdad. Por ello resulta interesante referirnos a la instrucción especializada en tecnologías de las mujeres y a su participación en el plano laboral para conocer los avances en términos de equidad de género.
Los usuarios suelen incursionar a servicios de internet, en gran medida, por intereses y fines educativos. En ese sentido, el fomento e incentivo de la educación para la participación de los individuos es fundamental. Por ello las instituciones educativas, sobre todo las universidades, suelen constituir agentes determinantes para el acceso y uso de las tecnologías. Tanto por la integración a los programas educativos como por la infraestructura con que cuentan para servicios de los estudiantes. Pero si dirigimos la mirada a los programas en informática y sistemas computacionales, la participación de mujeres en el ingreso a ellos observamos que la proporción respecto a los hombres es menor, ejemplificando el caso de México con el ingreso a la UNAM, institución de educación pública por excelencia y referencia para el resto de las universidades públicas estatales.

Perfil de alumnos de primer ingreso. Licenciatura en Ciencias de la Computación, ingreso 2013, por sexo, por concurso de selección UNAM.
UNAM (2014) Portal de Estadística Universitaria. Universidad Nacional Autónoma de México. Coordinación de Sistemas – DGPL. http://www.estadistica.unam.mx/

Perfil de alumnos de primer ingreso. Ingeniería en computación, ingreso 2013, por sexo, por concurso de selección UNAM.
UNAM (2014) Portal de Estadística Universitaria. Universidad Nacional Autónoma de México. Coordinación de Sistemas – DGPL. http://www.estadistica.unam.mx/
La condición de participación es un aspecto ya observado en estudios, básicamente referidos a otros países distintos a México (Gil-Juárez et al; 2011). Si la matrícula escolar de mujeres en estos programas es menor respecto a los hombres, su inserción laboral como profesionales escolarizados en consecuencia se trasladará a la del sector productivo y de servicios. En ningún país las mujeres rebasan el 25% de la participación en el sector de especialistas en TIC’s.

Proporción de mujeres en el sector de las TIC y en profesiones especializadas en TIC en los países seleccionados, 2009.
OECD (2010), OECD Information Technology Outlook 2010, OECD Publishing. http://dx.doi.org/10.1787/it_outlook-2010-en
Considerando esta realidad, cabe preguntarnos si es fortuito el hecho de que exista esta diferencia en la participación de mujeres tanto en la formación de especialistas en el ámbito como en la fuerza laboral del sector. Si bien las respuestas posibles no pueden remitirse simplemente a juicios de valor, existen ciertas perspectivas sólidas que lo explican de manera distinta a lo que se suele suponer (que se trata de una cuestión de habilidades innatas, biológicas o de preferencias de género) y se refieren una explicación en cuestión de estereotipos; una “… construcción sociocultural de la tecnología como un ámbito y una actividad adecuada para los hombres” (Gil-Juarez, Vitores, Feliu y Vall-llovera, 2011; 36).
En un estudio realizado en España (Sánchez Vadillo, Ortega Esteban, Vall-llovera; 2012), fue identificado que un entorno familiar de padres interesados en la formación tecnológica de las hijas, el contacto tecnológico temprano a través de juegos de video, y condiciones favorables de aprendizaje, educación formal y vocación en la tecnología, contribuyen a que las mujeres incursionen en programas de estudios universitarios de informática y sistemas. De hecho, los videojuegos han representado un acercamiento a las tecnologías para varios individuos, pero indudablemente han sido orientados temática y comercialmente a los varones. Habrá que observar en próximos años en lo que repercutan las tabletas y teléfonos inteligentes, cuyas aplicaciones resultan más equilibradas en su orientación que los videojuegos.
Aún más allá de sólo identificar puntos que resultan totalmente acordes con las circunstancias de las TIC’s en relación al género, existen ciertas propuestas para mitigar la distancia, como las que mencionan Gil-Juarez et al (2011; 31, 32):
- La exposición de experiencias y modelos femeninos en el ámbito de las TIC a niñas y jóvenes.
- La disposición de herramientas, currículos y métodos de enseñanza de las TIC que resulten amigables para niñas y jóvenes.
- La ruptura visual de la informática, particularmente en estereotipos masculinos asociados a la profesión.
- La colaboración con docentes en distintos niveles educativos para la divulgación y el enrolamiento en el campo de la Informática. La formación de programas de tutoría y promoción de políticas para el involucramiento de mujeres en el ámbito académico y laboral de las TIC.
- Estrategias de reclutamiento temprano mediante jornadas (girls’ day) para dar a conocer a mujeres jóvenes los estudios en el ámbito.
En este sentido es posible destacar la importancia del contexto social y cultural como contribución a la reducción de la brecha digital de género, desde raíz, para un desarrollo social no solamente para las tecnologías, sino para aspirar a una sociedad más equitativa.
Fuentes de información
Castaño, C., Martín, J., Martínez, J.L. (2011) La brecha digital de género en España y Europa: medición con indicadores compuestos. En ‘Reis. Revista Española de Investigaciones Sociológicas’, núm. 136, octubre-diciembre, 2011, pp. 127-140, Centro de Investigaciones Sociológicas. España.
Cooper, J. (2006). The digital divide: The special case of gender. En ‘Journal of Computer Assisted Learning’, 22, 320–344.
Duart, J.M. (2010) Nuevas brechas digitales en la educación superior En ‘RU&SC. Revista de Universidad y Sociedad del Conocimiento’, vol. 7, núm. 1, 2010, pp. 1-2, Universitat Oberta de Catalunya. España.
Gil-Juarez, A., Vitores, A., Feliu, J., Vall-llovera, M. (2011) Brecha digital de género: una revisión y una propuesta. En ‘Teoría de la Educación. Educación y Cultura en la Sociedad de la Información’, vol. 12, núm. 2, 2011, pp. 25- 53, Universidad de Salamanca. España.
Huang, W.D., Ward Hood, D., Joo Yoo, S. (2013) Gender divide and acceptance of collaborative Web 2.0 applications for learning in higher education En ‘Internet and Higher Education’ 16 (2013) 57–65.
Sánchez Vadillo, N., Ortega Esteban, O., Vall-llovera, M. (2012) Romper la brecha digital de género. Factores implicados en la opción por una carrera tecnológica. En ‘Athenea Digital’ 12(3): 115-128 (noviembre 2012).