“Partiendo siempre de la idea primigenia de biblioteca popular, como lugar donde no solamente haya libros para prestar, sino un organismo vivo dentro de la comunidad…»
Raúl frutos, in memorian.
Imponente. Si tuviera que resumir con una palabra la sensación que produce estar en ese edificio de cinco plantas, recorrer sus laberínticos pasillos y dimensionar lo que allí sucedió diría: Imponente. ¿Hasta dónde se puede llegar? Me pregunté eso durante toda mi visita, me lo sigo preguntando. Piso tras piso, sala tras sala, ese lugar sostiene un nombre y una historia única en el país y diría yo, en el mundo.
La mezcla de pasado con presente, la huella de los fundadores, son marcas en la historia donde hoy en día otros apoyan los pies, la nostalgia de los sueños realizados, despiadadamente derrumbados y el empuje y el trabajo de los que siguen “peleando” por recuperar un espacio que es de todos.
La biblioteca popular Constancio Vigil se encuentra en la provincia de Santa Fe, al sur de la ciudad de Rosario. Sus inicios son similares a los de otras bibliotecas barriales, donde un grupo de vecinos, entre ellos Raúl Frutos, quien llegara a ser dos veces vicepresidente de la institución y figura emblemática de la bibliotecología argentina, presentan la inquietud por la formación e información de la comunidad, pensando en hacer viable el acceso a material educativo y de entretenimiento a todos. Y esto que comenzó como subcomisión de la Sociedad Vecinal de los barrios Tablada y Villa Manuelita en la década del 40, que luego tomó carácter independiente hacía 1959, que inició como biblioteca popular y jardín de infantes, sostenida plenamente a través de la autogestión, se transformó en una institución que completaba la educación formal, con escuela primaria, secundaria y universidad popular, impartía cursos sobre las más variadas temáticas: piano, guitarra, flauta dulce, pintura, artesanías, cerámica, grabado, astronomía, expresión creadora infantil, danzas, artes visuales, y contaba con un observatorio astronómico, un teatro, un museo de ciencias naturales y una editorial propia. Todo esto se sostenía económicamente a través de la venta de una rifa-bono que permitía la continuidad de los recursos económicos necesarios. Todo lo que se generaba, volvía a la institución y eso era evidente.
Natalia García nos cuenta: “Llegados a la década de 1970, resultó un complejo social, cultural, educativo y mutual sostenido por 19.639 socios, con 647 empleados y 2.956 alumnos en sus escuelas primaria, secundaria, jardín de infantes y universidad popular. Dicho crecimiento y diversidad de objetivos obligó a una adecuación de los estatutos y su inscripción como persona jurídica en el entonces Instituto Nacional de Acción Mutual (INAES) bajo la matrícula Nº 304.
Por su parte, la otrora rifa se transformó en bonos bianuales que llegaron a demandar más de 3.000 vendedores y 500 cobradores en todo el país, arrojando ingresos mensuales superiores a los tres millones de pesos. Durante 18 años (1959-1977), la institución logró sortear los conflictos externos e internos que nunca dejaron de presentarse.”
Nuevamente, mi pregunta ¿hasta dónde se puede llegar?
La primer parte de esta historia llega hasta el día 25 de febrero de 1977, cuando una intervención militar, en el marco de la peor dictadura que sufrió este país, puso un alto en el desarrollo de esta institución, un golpe que conllevó quema de libros, detenciones ilegales, secuestros y desapariciones de personas que estaban relacionados con la entidad, ya sea por trabajar en la biblioteca, ser docente en sus escuelas o ser simplemente ser socio de la misma. Un día, ese día, simplemente todo se detuvo y como registro fulminante de ese momento quedó en el inventario el asiento del último libro ingresado, frenado en el tiempo, esperando…
Agradezco profundamente la colaboración inestimable para la realización de este post, así como mi visita a la biblioteca a mi colega y amigo Franco Aragón, y la recepción cálida y comprometida de Celina Duri y Gabriel Carciorgna, a ustedes todo mi afecto!
Bibliografía consultada
GARCIA, Natalia. Una agenda pendiente: delitos culturales y económicos durante la última dictadura militar argentina. El caso de la «Biblioteca Vigil» de Rosario (1977-2011). Inf. cult. soc. [online]. 2012, n.26 [citado 2014-03-20], pp. 41-64 . Disponible en:http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-17402012000100003&lng=es&nrm=iso . ISSN 1851-1740.
NARANJO, Rubén y Frutos, Raúl. El genocidio blanco Historia de la “Editorial Biblioteca” de la Biblioteca Popular C. C. Vigil, Rosario. En: Kaufmann, Carolina (Dirección), Dictadura y Educación, Tomo 3 “Los textos escolares en la historia argentina reciente”, Miño y Dávila, Buenos Aires, 2006. http://www.rubennaranjo.com.ar/documentos/su_voz/11_editorial_biblioteca.pdf