Incursionarnos

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Nuestra área es joven. Que hace ejercicio día a día y se fortalece. Pero no la conocemos profundamente. Sabemos, eso sí, que nos sirve para ejecutar nuestras labores y que tiene un fin que alcanzamos, a veces, pero que siempre es un fin cambiante y renovable. Por esta razón se requiere de curiosidad por lo distinto. Es así que los bibliotecarios y bibliotecólogos que se embarcan en la responsabilidad de ahondar en lo desconocido y en aplicarlo a su biblioteca, son talento humano necesario en las unidades de información, aportando en campos que muchos no incurrimos.

 

Este es uno de los caminos a la innovación teórica y práctica de nuestra área, porque nuestra preocupación no se ubica únicamente en prestar un servicio, sino en dar un valor añadido, un valor distinto al de simplemente «cumplir con nuestra función».Tuvimos una época en la que relacionábamos innovación con tecnología, porque esta tecnología de la información y la comunicación significó y marcó una era de diferencias y cambios abruptos, que tarde o temprano fueron avalados por las distintas comunidades usuarias en sus distintos niveles de formación. Es cierto, fue innovación y mejora para la prestación de nuestros servicios.

Por esto, nos vemos obligados profesional y éticamente con los usuarios en implementar las nuevas tecnologías, que fueron rechazadas, ya hubiera sido por términos económicos o porque no eran suficientemente convincentes para apoyarnos. Sin embargo, nos han apoyado y han cambiado positivamente los procesos de la biblioteca y el impacto que la unidad de información tiene sobre las comunidades.

Aún así, debemos pensar en mejorar las secciones de las bibliotecas, de priorizar los esfuerzos y focalizar los grupos de trabajo en las áreas de mayor impacto en la comunidad. Es verdad que la catalogación y clasificación son áreas pertenecientes a la columna vertebral de nuestra área, pero son áreas concernientes a cuestiones técnicas importantes para nuestra labor, más no para la satisfacción más allá de la necesidad de los usuarios, aunque a lo mejor sea un paso para llegar a ese ideal de cumplir más allá con nuestra función.

Cuento una situación que se repite cada vez que doy capacitaciones a nuevos usuarios, generalmente jóvenes (17-25 años): aproximadamente el 65% de las personas que se encuentran en el auditorio o salón, están pensando en otras cosas, bostezando y/o viendo sus smartphones, pero menos prestando atención a los servicios que se les ofrecen, las estrategias de búsqueda que pueden ejectuar, ni en cómo citar sus trabajos escritos. Muchos pueden decir que será porque el expositor no tiene habilidades de enseñanza ni formación, pero considero que no es esa una razón completamente válida para evaluar la situación.

Lo que se me ocurre para llegar realmente a otras comunidades menos comprometidas con la labor académica e investigativa teniendo como intermediaria a una Biblioteca o un bibliotecólogo, es llegarles de una manera distinta, menos protocolaria, menos «importante», sin olvidar la seguridad y seriedad de nuestras habilidades y recursos. Con la experiencia laboral que cuento hasta el día de hoy, he notado que ser tan formalistas en servicios que deben ser ágiles y eficaces, hay que tomar una actitud igual. Somos profesionales, pero no siempre prestamos servicios a personas en el mismo nivel formativo. Es así que debemos encontrar formas de llegar a los usuarios y satisfacer sus necesidades más allá, cumpliendo con nuestra labor, pero siempre apuntando a la diferencia.

¿Qué pasaría en un espacio de personas a las que se les muestra la biblioteca como un espacio más allá de la investigación? ¿más allá de los libros y las bases de datos? ¿Más allá del bibliotecario que lo manda a callar? ¿Más allá del formalismo de que no puede comer porque puede dañar el material o un portátil? ¿Será muy difícil evitar pedir tanto protocolo para entrar a un espacio tan abierto como lo debe ser la biblioteca?

Es cierto que se deben seguir reglas, porque la libertad es limitada. Pero aún así me crea siempre curiosidad qué pasa donde la Biblioteca se muestre más abierta, y que sus servicios no sólo cumplan con su función, sino que siempre dejen un valor agregado. Es un reto que se asume, y que empiezo a asumir por una diferencia y por algo desconocido.

Sobre Iván Valderrama Espejo

Profesional en Ciencia de la Información Bibliotecólogo, Magíster en Comunicación Social. Con experiencia en implementación de tecnologías y herramientas de información para la gestión de la investigación y de bibliotecas universitarias. Con el firme propósito de apostar al buen uso de las tecnologías para mejorar la calidad en el trabajo y en la vida. Abierto a la conversación sobre tecnologías en la investigación académica y científica. Con interés profesional en el bienestar digital, procesos de investigación, buen uso de la tecnología, procesos editoriales, bibliometría, organización del conocimiento y la comunicación organizacional.

6 comentarios en “Incursionarnos

  1. Hiperterminal

    Hola Iván. Interesante post.

    Por mi parte creo que el futuo está en la filosofía. Tener claras las bases filosóficas te cambia la perspectiva profesional.

    Saludos.

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    1. Iván

      Hola Hiperterminal,

      ¡Muy cierto! Me encuentro de acuerdo con tu posición. Analizar el área desde una perspectiva analítica, objetiva y abierta permitiría ahondar en el más allá de la satisfacción de los usuarios.

      Un saludo.

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    2. Hiperterminal

      ¡Hola de nuevo!

      Le estuve dando vueltas a tu post… me dejó pensando algunas cosas. Algo que me inquieta es ¿Hasta dónde debe «satisfacer» una institución a sus uuarios y hasta dónde debe generar directrices para que los usuarios se adapten a ellas?

      Una situación que puede darse es que la biblioteca sea esclava de los caprichos de sus usuarios, que muchas veces no saben lo que quieren. ¿Me explico? No digo que siempre pase, pero me dejaste pensando en los posibles escenarios que podrían ocurrir.

      Un abrazo.

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      1. Iván

        Hola,

        Claro tienes razón en cuanto «que la biblioteca sea esclava de los caprichos de sus usuarios, que muchas veces no saben lo que quieren». Como muchas situaciones en nuestra joven área tienden a ser un tanto subjetivas que llegarían a extremos, el riesgo es inminente, más sin embargo, es una invitación a asumirlo cautelosamente.

        Depronto tengo que aclarar que mi intención en este post va un poco dirigido a satisfacer necesidades más allá de comunidades jóvenes. Igualmente cito lo que dije en este post que «Es cierto que se deben seguir reglas, porque la libertad es limitada», pero a partir de ahí, lo que ya tenemos hoy en día, ¿qué podemos arriesgar para que la biblioteca no sea tan protocolaria?

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        1. Hiperterminal

          Iván, creo que diste en el clavo de mi inquietud: ¿qué podemos arriesgar para que la biblioteca no sea tan protocolaria?

          Creo que es una cuestión de sabiduría. Hay que saber cuándo ser protocolario y cuándo no. Lo que está afectando(nos) es que siempre seamos excesivamente protocolarios.

          ¡Saludos!

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