La olvidada sección de libros extranjeros.

La olvidada sección de libros extranjeros.Es raro encontrar una biblioteca pública o privada que no cuente con una sección más o menos nutrida de libros extranjeros, ya sabes, esos ejemplares inmaculados y casi sin estrenar que se pasan años y años cogiendo polvo en las estanterías. Está claro, no es que al lector español no le interesen las temáticas que tratan esos libros escritos en inglés, francés, alemán o ruso, ¡al contrario! La razón de que esta sección de las bibliotecas esté siempre vacía es muy simple: a los españoles nos cuesta muchísimo hablar y leer en otros idiomas. ¿Por qué? Quizá por las tres razones siguientes:

1. La formación.

Hasta bien avanzados los años 80 del siglo pasado, la inmensa mayoría de los colegios españoles impartía el francés como lengua extranjera obligatoria. Por supuesto, el profesorado de entonces ni había nacido en Francia, ni había tenido la oportunidad de residir en ese país vecino para practicar sus conocimientos teóricos. Las sesiones formativas se impartían “como siempre”: con pizarra, lápiz y papel. Nada de listenings, vídeos formativos o juegos interactivos. ¿El resultado? Altos conocimientos teóricos, nulos conocimientos prácticos.

Esa metodología de aprendizaje fue heredada por la siguiente lengua extranjera que se impartiría en los centros educativos españoles: el inglés. La historia se repetía: profesores titulados pero sin experiencia real, ausencia total de profesorado nativo, programas formativos inadecuados, absoluta ausencia de prácticas reales, etc.

También es interesante que recordemos un dato: desde al año 1970 hasta hoy el sistema educativo español ha pasado por cinco reformas y trece Leyes Orgánicas. ¿Han afectado estos cambios al rendimiento académico del alumnado? ¿Y al nivel del profesorado y sus conocimientos idiomáticos? Quizá sí.

¿El resultado?: generaciones y generaciones de españoles que conocían de memoria la ortografía y la gramática de una lengua extranjera, pero que se veían – y se ven- incapaces de transformar estos conocimientos en una conversación o en una lectura fluida en otro idioma.

2. El doblaje.

Como bien sabes, uno de los legados del franquismo fue la obligatoriedad de traducir y doblar todos los productos audiovisuales que se exhibieran en las salas de cine y, posteriormente, en las televisiones de todo el país. ¡Las empresas de traducción iban locas!

De esta forma y durante décadas los españoles perdíamos una oportunidad que disfrutaban otros ciudadanos del mundo: la de escuchar diálogos en lenguas diferentes al castellano. A estas alturas de la feria todos conocemos la importancia que tiene el aprendizaje temprano de una lengua. Los niños y niñas que tienen la fortuna de crecer en familias bilingües adquieren de forma natural una serie de competencias lingüísticas difíciles de incorporar en un entorno académico reglado.

El caso del público adulto es similar. Según los expertos, escuchar acentos, entonaciones y palabras en una lengua diferente a la propia, mejora involuntariamente la capacidad del oyente de reconocer y recordar las peculiaridades lingüísticas de los idiomas extranjeros.

Hoy en día la costumbre de traducir y doblar películas, reportajes, vídeos, videojuegos o, incluso, apps y software informático ha calado tanto en nuestro país que sería francamente impensable prescindir de ella. ¿El resultado? La ausencia de otra fuente importante de conocimiento y aprendizaje real de lenguas extranjeras.

3. El tímido carácter español.

A pesar de que el tópico internacional reconoce al español medio como el ejemplo perfecto del carácter mediterráneo – alegre, festivo, desinhibido – la realidad es que los españoles poseemos un fuerte sentido del ridículo. ¿El motivo? Quién sabe, quizá tendríamos que remontarnos a los años en los que España perdió su carácter de potencia internacional y fue catalogada como perdedora en la carrera por el poder o tal vez a esos tiempos de apertura al mundo y el sentimiento de inferioridad con el que entramos a una Europa que habíamos visto cerrada durante largos años.

¿El resultado real? Españoles acomplejados que se bloquean cuando tienen que intercambiar dos o tres frases en un idioma diferente al que hablan en su país; españoles que son incapaces de leer fluidamente en otra lengua distinta a la que aprendieron en su hogar, secciones bibliotecarias de libros extranjeros llenitas de joyas internacionales que esperan, aburridas, a que los españoles nos decidamos a aprender, de una vez por todas, esos idiomas extranjero que tantas puertas nos abrirían.

 

Yolanda Gomez

Ayudante de marketing de Okodia. 

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