Las publicaciones periódicas en México del siglo XIX

La historia del libro y las bibliotecas en México ha tenido diferentes connotaciones históricas, así como también diversos matices enmarcados por los acontecimientos políticos y sociales que a lo largo de los años han dado forma a esta nación. Uno de estos hilos puede analizarse desde la perspectiva de los periódicos y revistas impresos del siglo XIX, los cuales tuvieron su gran momento a raíz de la Independencia y se consolidaron hasta el triunfo de los liberales sobre los conservadores.

México-Iztacalco escena callejera

William Henry Jackson. Fuente: Wikimedia Commons

 No toda historia del libro y las bibliotecas en México se refiere a los primeros impresos mexicanos que vieron la luz con la llegada de Juan Pablos a la Ciudad de México, también es muy importante contemplar el surgimiento de las primeras publicaciones periódicas, pues al igual que el libro, jugaron un papel muy importante en la consolidación del país desde finales de la época colonial hasta el asentamiento de la república liberal. Cabe señalar que la primera publicación periódica regular surgió en 1722, cuyo nombre fue La Gaceta de México y noticias de Nueva España, con Juan Ignacio de Castorena y Ursúa como su editor (Suárez de la Torres, 2005), y aunque solo salieron seis números mensuales con el pie de imprenta de la viuda de Miguel Rivera Calderón. La aparición de esta publicación sentó las bases para el inicio del periodismo regular en todo el continente americano (Caloca Carrasco, 2010, p. 130) pues poco tiempo después aparecieron más publicaciones del mismo corte noticioso y temática científica. Musacchio (2003, p. 15) señala acertadamente que el periodismo es hijo de la Independencia pues antes de ésta, las publicaciones periódicas eran papeles sueltos que se publicaban ocasionalmente.

Ahora bien, durante los primeros años del siglo XIX las imprentas publicaron pocos libros, y en realidad solo son cuatro que merecen la atención histórica: la de Mariano Zúñiga y Ontiveros, la de Antonio de Valdés, la de Juan Bautista Arizpe y la de María Fernández de Jáuregui, cuyas actividades estuvieron enfocadas a la publicación de opúsculos y publicaciones periódicas (Bosque Lastra, 1995, p. 69), las cuales se encontraban en una marcada disyuntiva pues por un lado la vigilancia y censura editorial les exigía publicar información oficial del Estado y la Iglesia, pero además debían satisfacer las demandas de otro tipo de público que requería información de carácter científico y literario (Suárez de la Torres, 2005). Un ejemplo de este tipo de publicaciones fue el Diario de Méjico, fundado el 1 de octubre de 1805 por el periodista e historiador Carlos María Bustamante y Jacobo de Villarrutia, el cual estaba destinado a un público común, localizado en todas las esferas sociales (Ruiz Castañeda, 1998, p. 85). O como lo señala Musacchio (2003, p. 16), fue el primer diario que estableció una división del trabajo, por un lado era fuente de noticias, pero además destinaba texto para la creación y crítica literaria.

El Despertador Americano címlap

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Durante la Guerra de Independencia los impresos tuvieron un nuevo significado y utilización, lo cual ocasionó que se popularizara más el uso de la imprenta, ya que fue utilizada como parte de la lucha (Perales Ojeda, 2002, p. 49). Aquí cabe señalar que las imprentas no proliferaron como se esperaba siguiendo la tendencia, lo que en realidad se multiplicó fueron las publicaciones, pues éstas fueron un elemento indispensable para los insurgentes en la difusión de las ideas, por lo que es notorio ver que estos escritos estuvieran relacionados con temas políticos  (Suárez de la Torre, 2005). El ejemplo más claro fue el Despertador Americano, editado por Francisco Severo Maldonado bajo el encargo de Miguel Hidalgo, su primer número salió precisamente en los inicios de la guerra, el 20 de diciembre de 1810 (Musacchio, 2003, p. 16).

Después de la consumación de la Independencia, la prensa mexicana se definiría por un nuevo enfoque político e ideológico, pues ahora se trataba de la pugna entre los bandos vencedores, los del espíritu liberal y reformista contra el conservador y tradicionalista (Ruiz Castañeda, 1998b, p. 127). El Diario más representativo de este periodo es el Siglo XXI, de tendencia liberal y que fue fundado en 1841 por Ignacio Cumplido (Suárez de la Torre, 2005).

Para cerrar es importante identificar que los acontecimientos históricos y el largo camino que tuvo México del periodo colonial al federalista, marcaron las actividades de los impresores y del tipo de publicaciones. Por ejemplo, para la rápida difusión de las ideas independentistas tuvieron que echar mano de las publicaciones periódicas, las cuales tenían la característica de difundir la información a mayor velocidad y casi de inmediato, con costos menores que la edición de libros impresos, por ello, no es de extrañarse que la impresión de monografías no tuviera tanta producción. Los diferentes tipos de publicaciones periódicas manifestaron los diferentes frentes políticos e ideológicos de las distintas fracciones en pugna; pero también, se puede identificar un claro deseo por promover las letras, la cultura y la ciencia, elementos indispensables para la consolidación del país como nación independiente y moderna.

Referencias

Caloca Carrasco, E. (2010). Recuento histórico del periodismo. México: Instituto Politécnico Nacional, 489 p.

Musacchio, H. (2003). Historia gráfica del periodismo mexicano. México: Gráfica, creatividad y diseño, 203 p.

Suárez de la Torre, L. (2005). La producción de libros, revistas, periódicos y folletos en el siglo XIX. En Clark de Lara, B. & Speckman Guerra, E. (eds.). La República de las letras; asomos a la cultura escrita del México decimonónico (pp. 9-25). México, D. F.: UNAM.

Ruiz Castañeda, M. C. (1998a). El Diario de México (1805-1817). En Reed Torres, L. & Ruiz Castañeda, M. C. El periodismo en México: 500 años de historia (pp. 81-104). 2ª ed. México: EDAMEX.

Ruiz Castañeda, M. C. (1998b). La prensa durante el Primer Imperio y la República Federal (1821-1835)). En Reed Torres, L. & Ruiz Castañeda, M. C. El periodismo en México: 500 años de historia (pp. 127-150). 2ª ed. México: EDAMEX.

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